Laberintos mentales ~ diálogos con el tablero hospitalario 

Estoy deshausiada, carcomida por el fulgor de mis ramas secas, reventadas, masacradas, deshojadas una a una, lentamente, cuadra a cuadra, incendiadas. Me raptaron mi fuerza, mi potencia. Mi lengua mordaz fue quemada con ácido. Sólo me dejaron algunos sustantivos y muy pocos adjetivos.

«Disculpe usted», «no quise ofenderle» ,»su verga es hermosa»

Si tan sólo las ganas de tenerla en mi boca fueran reales, y no mi violencia por la impotencia que me da su impertinente fuerza que me penetra sin preguntar. Y él, que se aferra muy bien, está aprendiendo a domar un cuerpo que convulsiona, que implosiona. Yo le sonreí. Voy a ser la secretaria del año.

Y mientras el insomnio me sacude a cachetadas, mi cara sin gesto y la tele cansada de observarme acá sentada, me giro a escuchar el viento en la ventana. Ojalá se caiga el cielo. Ojalá un trueno desplome de un golpe los hombres al suelo. No todos, sólo aquellos cuyo miembro camina primero y su culo fruncido no retrocede, aunque no sepa lo que quiere.

¿Será una pesadilla de esas dignas del analista? Bajo el ascensor y mi reflejo me pregunta si soy consciente de que estoy enloqueciendo. No puedo hacer más que pedirle que se calle, que alguien va a escucharle y no estoy dispuesta a matarme, por lo que habré de surfear este limbo tan mareante. Que mi saliva es lo suficientemente digna, hábil y experimentada, por supuesto, como para avisarme si el sabor a sangre me pertenece o es heredado por la malaria que recorre las calles. El postre de esta historia oculta digamos, en la que todos somos parte aunque no lo hayan notado. Aunque de pronto, para mi sorpresa, un aroma a jazmín me acaricia con la ilusión de que la pesadilla acabe pronto, que la locura que vivo es de los otros. Sin embargo se me hizo un nudo en la garganta, se me escurrieron los ojos  y el       T   I   E    M  p  o.        El borde de mi piel se ha transformado cómo leche que se mezcló con  agua. En un principio ves los límites,  luego es una gran nube blanca, rugosa y espesa. Y así me muevo lento y fundido, sin sentir los límites del resto conmigo. La física se olvidó de explicarme que transitar implica más que resistir a la gravedad natural, vertical del cielo contra el centro del núcleo. Cientos de otros vectores nos apuntan gravemente de todos los perfiles. Adoraría ser un pez y no tener una comunidad a la que enfrentarme, donde mis pares me abracen en mi trascender, todos juntos en un suave fluir.

«Ni que estuviéramos en la época de Hitler», mirá lo que me viene a susurrar el enano fascista que tengo en mi cabeza!!! Todos tenemos uno, pero el mío es lo suficientemente pelotudo que ni entendió que judía no soy, que las religiones son una mierda siempre que censuren la felicidad. Me trata de exagerada, pero hay tantas otras maneras de acorralarte y sacarte el aire tan despacio, pelotudo cuadrado y cerrado incapaz de ver la realidad… Que clase de Dios retorcido y jodido quisiera que sufras por respeto a él! Porque no poder amar ni gozar, o elegir como andar es sufrir, es actuar para un Dios perverso que te quiere sumiso, con el culito mirando al norte en el desayuno. D. I. O. S.  DEDO ÍNDICE, OJETE SANGRANTE. Su nombre lo dice, te mete el dedo, te indica como va la cosa, y te desangra poco a poco, para que no olvides que el te parió. Te tatúa el alma para los ingenuos, cosa que la confusión sea tal que no puedas discernir entre tus propios pensamientos y los impuestos. Por él y su séquito de comunidades que se purifican por transportar su propio dolor a otros, vaya ritual sanador.

Que buen cordero. La verdad, un honor ser su peón durante mi vida, lo que sí, le pido, si es posible, agradecería morir en manos del rey, con honor por la cercanía, y no de la reina, ¡vaya que perversión!, con su capacidad de moverse en todas las direcciones, ni que fuera una divinidad… Tampoco puede saltar por encima de nadie, eso sólo lo haría un animal lo suficientemente bruto. Qué, por cierto, no es que  envidie su libertad de andar saltando en L, simplemente son dos y me atemoriza, no estoy preparada para sobrellevar un ataque por delante y por detrás. Y el alfil… bueno, se asemeja. Pero yo soy más pequeña y lo sabe, me arrebatará el juego de costado, ni siquiera de frente. 

Que despilfarro, que desgarro, emocional e intelectual. De día estoy teniendo unos sueños que están empezando a asustarme. Me asustan que me gustan, me gustan que me asustan. En ellos mis manos acarician con tanta dulzura que la culpa los inunda de cianuro y por sus ojos rueda la paz. Y de sus plantas de los pies salen sogas que los atan y de sus miembros sólo sale agua con la que riegan la tierra. De su garganta salen voces acogedoras que al ser recibidas en nuestros oídos hacen caer la semilla que con cada canto y día a día darán lugar a la nueva vida. ARMÉ y armaré una isla plagada de ninfas que serán como las amazónicas, soñadoras intrépidas y hermosas. Sin que ningún leñador pueda ir a incendiarlas, ni a quebrarles sus ramas, ni sus raíces, ni sus aires. Aires de amar, de trotar, de gritar y no volver a callar nunca más, ninguna más, jamás.

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