El jardín del Edén

El corazón se me estruja, la angustia es injusta. Es injusto mi sufrimiento por querer vivir en un mundo menos perverso, pero parece ser que es el envase que nos toca en este sistema que nos viola. Nos rapta nuestros sueños, nos nubla con palabras como derecho, justicia, gobierno.

Estructuran paredes alrededor nuestro y de arriba tiran apresto, cemento en nuestros cerebros bien compactos, cerrados, re-cuadrados. Que nada salga de la forma, que al de la pirámide le da buena monta. Sus lenguas filosas soban los bordes de los billetes verdes. Sus joyas pesadas, tienen el brillo de la sangre de los mulos derramada. Sus bocas hambrientas, muerden con irónica ternura el culo de las criaturas, las narices remilgadas, cada vez más altas y duras, aspiran el aroma a dictadura.

Sus labios empapados de mierda le dan la bendición a los recién nacidos y ponen en sus manitos un pequeño papelito. El comienzo del delito que nos unirá desde ese minutito, juntitos a sus órdenes: letales, macabras, mentirosas. Y lloran, mis manos, mis ojos. Se bajan las persianas del tímpano. Se clausuran mis piernas y los abrazos escapan como un chorro de lava ardiendo en desesperación. El llanto

          es eterno

                          es del viento

                                                y del secreto: nada sabemos sobre lo que es convivir en este universo.

Y juzgan mi oscuridad, se asustan de mis palabras crudas. Dicen que se asustan. A mi me disgusta su paz inmunda, incrédula y sucia. Paz a cambio de una violencia extranjera. Pero mis dedos se vuelven armas que disparan balas de rivotril a esos cerebros podridos y los dejan dormidos, sedados, entregados a la mierda que ellos secretaron. Y la comen contentos, agradecidos. Son víctimas de su propio delirio.

En un sueño siempre el final es bueno y como es el mío : sueño que juego corriendo por todos los senderos

               abrazando manos de humanos hermanos

                                                                                          con los cuales nos amamos

Y la Pacha hermosa, extasiada de vitalidad, nos da pan, agua, sol y mar.

Y ya nadie se pregunta qué implica la vida ni por qué están acá.

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